jueves, 26 de febrero de 2026

¿Por qué no escribió Marx un libro donde resumiera desde la antigüedad hasta nuestros días, y examinara todos los campos? Plejánov responde a Mijailovski

«Pero, ¿por qué no escribió Marx un libro en el que expusiera, desde su punto de vista, toda la historia de la humanidad, desde la antigüedad hasta nuestros días, y examinara todos los campos del desarrollo económico, jurídico, religioso, filosófico, etc.?

El primer signo de todo intelecto culto, reside en saber formular preguntas, con el conocimiento previo de cuáles respuestas pueden y cuáles no pueden ser reclamadas de la ciencia contemporánea. Y, aquí vemos, que los adversarios de Marx, al parecer, no dan señales de poseer dicho signo, pese a sus títulos de extraordinarios, o a veces aun solamente de ordinaria cualidad. ¿Acaso creen que en la literatura biológica existe ya un libro en el que se expone toda la historia de los reinos animal y vegetal, desde el punto de vista de Darwin? Pregúntenlo a cualquier botánico o zoólogo, y, tras de reírse de la candidez infantil de ustedes, les contestará que, presentar toda la larga historia de las especies, desde el ángulo de miras de Darwin, constituye el ideal de la ciencia contemporánea, que aún no sabe cuándo lo alcanzará. Ahora, lo que se ha encontrado, es el punto de vista, merced al cual, solamente puede ser comprendida la historia de las especies. Otro tanto sucede también en la ciencia histórica contemporánea.

«¿En qué reside toda la labor de Darwin? pregunta el señor Mijailovski. Unas cuantas ideas de síntesis, vinculadas entre sí del modo más íntimo, que coronan todo un Mont Blanc de material práctico. ¿Dónde está la respectiva labor de Marx? No la hay. (...) Y no sólo que no hay un trabajo de esta índole de Marx, sino que tampoco lo hay en toda la literatura marxista, no obstante toda su extensión y difusión. (...) Los principios básicos mismos del materialismo económico, una multitud innumerable de veces repetidos como axiomas, hasta hoy día siguen no conectados entre sí y, prácticamente, no verificados; cosa que merece una atención -especial en la teoría, la que, en principio, se está apoyando en los hechos materiales, tangibles, y a la que se da, presentemente, el título de «científica». (Nikolái Konstantínovich Mijailovski; Literatura y vida, 1894)

Que los principios básicos mismos de la teoría del materialismo económico permanecen no conectados entre sí, es una mentira patente. No hace falta más que echar una lectura al «Prólogo a la Contribución a la Crítica de la Economía Política» (1859), para ver hasta qué punto, armoniosa e íntimamente están vinculados entre sí. Que estos postulados no están verificados, tampoco es cierto: están verificados por medio del análisis de los fenómenos sociales, tanto en el libro «El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte» (1952) como en «El Capital» (1867), y, más aún, no, «especialmente», en el capítulo relativo a la acumulación originaria, como lo piensa el señor Mijailovski, sino decididamente, en todos los capítulos desde el primero hasta el último, Si esta teoría, a pesar de eso, no fue expuesta ni una sola vez en relación con «todo el Mont Blanc» del material práctico lo que, a teoría de Darwin, hay aquí una vez más un malentendido. Con ayuda del material práctico, involucrado, digamos, en el libro «El origen de las especies» (1859) se demuestra, principalmente, la variabilidad de las especies; en cambio, la historia de algunas especies por separado, Darwin la refiere solamente de paso y eso también tan sólo hipotéticamente. Por así decirlo, esta historia pudo haber marchado de esa manera, como pudo haber marchado ele modo distinto. Pero hay una sola cosa fuera de toda eluda, que hubo una historia, y que las especies habían variado. Ahora preguntaremos al señor Mijailovski si Marx tuvo necesidad de demostrar que la humanidad no permanece en el mismo lugar, que las formas sociales van cambiando y que las concepciones de les hombres van reemplazando unas a las otras. En una palabra, ¿hubo necesidad de probar la mutabilidad de este género de fenómenos? Por supuesto que no hubo necesidad, aun cuando, para demostrarlo, se pudo haber amontonado, fácilmente, toda una decena de «Mont Blanc de materiales prácticos». ¿Qué es lo que Marx tuvo que haber hecho? La historia precedente ele la ciencia social y de la filosofía social había acopiado «todo un Mont Blanc» de contradicciones, que requerían apremiantemente su solución. Marx, efectivamente, las solucionó con ayuda de una teoría, que al igual que la de Darwin, está integrada «por unas cuantas ideas de síntesis, vinculadas entre sí del modo más íntimo». Cuando aparecieron estas ideas, quedó  en evidencia que, con su ayuda, se resolvían todas las contradicciones que habían turbado a los anteriores pensadores. Marx no tuvo que haber amontonado montañas de material práctico, seleccionado por sus antecesores, sino, utilizando, entre otros, también ese material, emprender el estudio de la verdadera historia de la humanidad, desde el nuevo punto ele vista. Eso es lo que Marx hizo, al haber procedido al estudio de la historia de la época capitalista, y de esos estudios apareció «El Capital» (1867) sin hablar ya de las monografías, como «El Dieciocho Brumario…» (1852)−.

miércoles, 4 de febrero de 2026

El fenómeno de la emigración de trabajadores entre los países capitalistas

«Entre las particularidades del imperialismo relacionadas con los fenómenos de que hemos hablado, figura la disminución de la emigración de los países imperialistas y el aumento de la inmigración afluencia de obreros y transmigraciones a estos últimos, procedente de los países más atrasados, donde el nivel de los salarios es más bajo. La emigración de Inglaterra, como lo hace observar Hobson, disminuye a partir de 1884: en este año, el número de emigrantes fue de 242.000, y de 169.000 en 1900. La emigración de Alemania alcanzó el máximo entre 1881 y 1890: 1.453.000, descendiendo en las dos décadas siguientes hasta 544.000 y 341.000. Por el contrario, aumentó el número de obreros llegados a Alemania procedentes de Austria, Italia, Rusia y otros países. Según el censo de 1907, en Alemania había 1.342.294 extranjeros, de los cuales 440.800 eran obreros industriales y 257.329 agrícolas. En Francia, una «parte considerable» de los obreros mineros está constituida por extranjeros: polacos, italianos, españoles. 

En los Estados Unidos, los inmigrados de la Europa oriental y meridional ocupan los puestos peor retribuidos, mientras que los obreros norteamericanos su ministran el tanto por ciento mayor de capataces y de los obreros que tienen un trabajo mejor retribuido. El imperialismo tiene la tendencia a formar categorías privilegiadas también entre los obreros y a divorciarlas de la gran masa del proletariado.

Es preciso hacer notar que, en Inglaterra, la tendencia del imperialismo a escindir a los obreros y a acentuar el oportunismo entre ellos, a engendrar una descomposición temporal del movimiento obrero, se manifestó mucho antes de fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX. Esto se explica porque, desde mediados del siglo pasado, existían en Inglaterra dos importantes rasgos distintivos del imperialismo: inmensas posesiones coloniales y situación de monopolio en el mercado mundial. Durante decenas de años, Marx y Engels estudiaron sistemáticamente ese lazo existente entre el oportunismo en el movimiento obrero y las particularidades imperialistas del capitalismo inglés. Engels escribía, por ejemplo:

«El proletariado inglés se va aburguesando de hecho cada día más; por lo que se ve, esta nación, la más burguesa de todas, aspira a tener, en resumidas cuentas, al lado de la burguesía una aristocracia burguesa y un proletariado burgués. Naturalmente, por parte de una nación que explota al mundo entero, esto es, hasta cierto punto, lógico». (Friedrich Engels; Carta a Karl Marx, 7 de octubre de 1858)

Casi un cuarto de siglo después, en su carta del 11 de agosto de 1881, habla de «las peores tradeuniones inglesas que consienten ser dirigidas por individuos vendidos a la burguesía o que, por lo menos, son pagados por ella». Y en la carta del 12 de septiembre de 1882 a Kautsky, Engels escribía:

«Me pregunta usted qué piensan los obreros ingleses acerca de la política colonial. Lo mismo que piensan de la política en general. Aquí no hay un partido obrero, no hay más que radicales conservadores y liberales, y los obreros se aprovechan, junto con ellos, con la mayor tranquilidad, del monopolio colonial de Inglaterra y de su monopolio en el mercado mundial». (Friedrich Engels; Carta a Karl Kautsky, 12 de septiembre de 1882)